martes, 24 de abril de 2012
El Cryosat-2 detecta grandes variaciones en el espesor del hielo en el Ártico
El satélite Cryosat-2, lanzado hace dos años por la Agencia Espacial Europea (ESA) con la misión de elaborar el primer mapa fiable de la densidad del hielo en los casquetes polares, ha confirmado la existencia de grandes variaciones en el espesor de la capa helada del océano Ártico.
Las mediciones se efectuaron entre octubre del 2010 y marzo del 2011 y sirven de complemento a los datos sobre el deshielo acelerado en superficie detectado en el último medio siglo, y particularmente en la última década.
"No estamos aún en condiciones de poder asegurar si las oscilaciones son estacionales o si se pueden relacionar con el cambio climático", advirtió sin embargo Volker Liebig, director del Programa de Observación Terrestre de la ESA, durante la presentación del primer mapa del espesor del hielo del Ártico en la Royal Society de Londres.
"Necesitamos los datos durante dos o tres años para averiguar si existe realmente una tendencia", agregó Liebig. "La misión fundamental del satélite va a ser precisamente ésa: derterminar de qué manera el banco de hielo del Ártico responde al cambio climático".
"Lo que está claro es que el Cryosat-2 se va a convertir en una herramienta imprescindible para conocer mejor esta región tremendamente sensible", concluyó Liebig. "En esta zona se encuentran entre el 15% y el 20% de las resevas mundiales de petróleo y gas, y las presiones geopolíticas van a ser muy grandes en los próximos años".
El Cryosat-2, similar al aparato perdido durante su lanzamiento en el 2005, orbita a 700 kilómetros sobre la superficie de la Tierra y está dotado de un altímetro que permite efectuar mediciones muy precisas del grosor de la capa flotante de hielo en el Ártico y sobre las superficies de Groenladia y la Antártida.
domingo, 22 de abril de 2012
Brillante lluvia primaveral de las estrellas Líridas
Una lluvia de estrellas, menos conocida que las Perséidas pero mucho más brillante, acompaña desde hace unos días la noche terrestre, un fenómeno que alcanzará su tope máximo nocturno en la madrugada del sábado al domingo. Este año, dado que coincide con la Luna nueva, los aficionados a mirar el Universo tendrán más oportunidades de disfrutar del espectáculo, si las nubes lo permiten.
Se trata de la lluvia de estrellas de las Líridas, que no son más que el polvo que dejó a su paso la cola del cometa 'Thatcher', cuando rozó la atmósfera terrestre hace ya unos cuantos decenios.
Según la Red Española para la Divulgación de la Astronomía, las Líridas alcanzan los 18 meteoros por hora, aunque algún año han llegado a verse más de cien. Según sus datos, aunque la mayor cantidad llegarán a las 7.30 horas (en la península), durante toda la noche se podrá disfrutar de la caída de las Líridas en el horizonte.
En concreto, el momento en el que aumentará la actividad son las 22.06 horas. Para encontrar el mejor lugar, hay que buscar la estrella Vega, la segunda más brillante del hemisferio norte.
"Estas estrellas fugaces tienen su origen en el polvo que dejó el cometa 'Thatcher' y son más brillantes que otras lluvias de meteoros por la composición que tenía en su cola", señala el astrónomo Antonio Pérez Verde, miembro de esta Red.
Esas partículas milimétricas, que forman como un aro, se ven atraídas por la gravedad terrestre y entran a una velocidad de 49 kilómetros por segundo en la atmósfera. Al traspasarla, alcanzan tal temperatura que entran en ignición, pulverizándose poco a poco y produciendo esa luz que se conoce como meteoro. "Al año siguiente, otras partículas que estaban más lejos se vuelven a sentir atraídas por la gravedad y se van acercando, hasta caer también a través de la atmósfera", continúa el astrónomo.
Este tubo con residuos del cometa está fijo en el Sistema Solar y la Tierra, al girar anualmente, se encuentra con él en cada primavera. Cada 415 años, el 'Thatcher' vuelve a pasar y recarga la zona de polvo estelar.
Los astrónomos recomiendan buscar un lugar con gran amplitud de horizonte, sin telescopios ni binoculares y buscando el radiante, que es el punto del que parecen radiar cerca de Vega.
viernes, 20 de abril de 2012
Los cráteres pueden ser nichos de vida en Marte
Los cráteres provocados por impactos de asteroides son uno de los lugares elegidos por los astrobiólogos para encontrar rastros de vida primitiva que también podrían existir en otros paletas, como el vecino Marte.
Ahora, un equipo de investigadores escoceses, dirigidos por Charles Cockell, de la Universidad de Edimburgo, acaban de descubrir, en uno de estos inhóspitos entornos, colonias de microbios. Se trata del impresionante agujero dejado por un impacto ocurrido hace 35 millones de años, que tiene 85 kilómetros de diámetro y 1,5 de profundidad.
Para los astrobiólogos, estos resultados son una prueba más de que estos cráteres son un importante refugio profundo para microorganismos que buscan protegerse de los avatares que hay en la superficie, más afectada por el cambio estacional, desde grandes calentamientos globales a edades deehielo.
Aunque el calor generado por la colisión habría matado toda la vida de la superficie, entre las grietas de las rocas más profundas habría agua y suficiente alimento para que la vida pudiera salir adelante. De hecho, son microbios que se alimentan de elementos como el hierro, que está en las propias rocas.
"Las zonas con fracturas más profundas de estos cráteres son un refugio seguro en el que los microbios puedan prosperar mucho tiempo. Son unos resultados que sugieren que bajo los múltiples cráteres marcianos existen lugares prometedores para buscar vida", dice Cockell en un comunicado.
Jesús Martínez-Frías, del Centro de Astrobiología (INTA-CSIC), y que ha colaborado con Cockell en trabajos anteriores, recuerda que los impactos de asteroides son "lugares privilegiados" para buscar vida extraterrestre. "Por ello todas las misiones a Marte se dirigen a los cráteres, donde puede haber una biosfera profunda de microorganismos quimiosintéticos".
El invetigador del CAB cree que esta biosfera profunda, a varios kilómetros de profundidad, también hay que buscarla en la Tierra. "Los impactos destruyen pero, al mismo tiempo, obligan a la vida a buscar refugios y es ahí donde debemos buscarla", concluye.
Pero no sólo en la Tierra tienen esta función, sino que, como publican en la revista 'Astrobiology' esta semana, estos cráteres también pueden ocultar vida en Marte, por lo que creen que habría que perforar en la superficie de este planeta para comprobar si existe o no.
Los investigadores de la universidad de Edimburgo perforaron casi dos kilómetros bajo el cráter de Chesapeake. Encontraron que los microbios estaban distribuidos de forma irregular por las rocas,lo que sugiere que el medio ambiente continúa cambiando 35 millones de años depués del impacto.
Ahora, un equipo de investigadores escoceses, dirigidos por Charles Cockell, de la Universidad de Edimburgo, acaban de descubrir, en uno de estos inhóspitos entornos, colonias de microbios. Se trata del impresionante agujero dejado por un impacto ocurrido hace 35 millones de años, que tiene 85 kilómetros de diámetro y 1,5 de profundidad.
Para los astrobiólogos, estos resultados son una prueba más de que estos cráteres son un importante refugio profundo para microorganismos que buscan protegerse de los avatares que hay en la superficie, más afectada por el cambio estacional, desde grandes calentamientos globales a edades deehielo.
Aunque el calor generado por la colisión habría matado toda la vida de la superficie, entre las grietas de las rocas más profundas habría agua y suficiente alimento para que la vida pudiera salir adelante. De hecho, son microbios que se alimentan de elementos como el hierro, que está en las propias rocas.
"Las zonas con fracturas más profundas de estos cráteres son un refugio seguro en el que los microbios puedan prosperar mucho tiempo. Son unos resultados que sugieren que bajo los múltiples cráteres marcianos existen lugares prometedores para buscar vida", dice Cockell en un comunicado.
Jesús Martínez-Frías, del Centro de Astrobiología (INTA-CSIC), y que ha colaborado con Cockell en trabajos anteriores, recuerda que los impactos de asteroides son "lugares privilegiados" para buscar vida extraterrestre. "Por ello todas las misiones a Marte se dirigen a los cráteres, donde puede haber una biosfera profunda de microorganismos quimiosintéticos".
El invetigador del CAB cree que esta biosfera profunda, a varios kilómetros de profundidad, también hay que buscarla en la Tierra. "Los impactos destruyen pero, al mismo tiempo, obligan a la vida a buscar refugios y es ahí donde debemos buscarla", concluye.
Pero no sólo en la Tierra tienen esta función, sino que, como publican en la revista 'Astrobiology' esta semana, estos cráteres también pueden ocultar vida en Marte, por lo que creen que habría que perforar en la superficie de este planeta para comprobar si existe o no.
Los investigadores de la universidad de Edimburgo perforaron casi dos kilómetros bajo el cráter de Chesapeake. Encontraron que los microbios estaban distribuidos de forma irregular por las rocas,lo que sugiere que el medio ambiente continúa cambiando 35 millones de años depués del impacto.
El cáncer de mama no es una sola enfermedad sino diez diferentes
Lo que actualmente llamamos cáncer de mama debería ser considerado como diez enfermedades diferentes, según se desprende de un revolucionario estudio que acaba de publicar la revista Nature, considerado el más extenso sobre esta patología realizado hasta la fecha. La nueva clasificación, basada en la huella genética de los tumores, podría mejorar el tratamiento al permitir adaptar los medicamentos a cada caso, lo que aumentaría las tasas de supervivencia.
Analizando la genética de las células tumorales de 2.000 pacientes, investigadores de las Universidades de Cambridge (Reino Unido) y British Columbia (Canadá) lograron distinguir una decena de categorías, cada una de ellas con rasgos genéticos y moleculares comunes, que se relacionan también con diferentes tasas de supervivencia. Entre ellas, las categorías 2 y 5 parecen tener en torno un 40% de posibilidades de supervivencia de 15 años. Y las 3 y 4 tienen alrededor del 75% de supervivencia en el mismo período. En cuanto a las terapias, de momento existe solo una específica para uno de los diez tipos de cánceres de mama identificados: el Herceptin, que ya se utiliza en la clínica. Para el resto aún se emplean terapias "estándar" como la quimioterapia o la radioterapia. Sin embargo, los nuevos genes identificados podrían servir como diana para desarrollar nuevos tratamientos.
“Es un gran paso hacia la creación de una enciclopedia genética del cáncer de mama -que hoy es un "término paraguas" que engloba varias patologías-, y durante la investigación hemos aprendido que existen muchos más subtipos de los que imaginábamos”, ha declarado Sam Aparicio, coautor del estudio. “En esencia hemos dado el salto de saber cuál es el aspecto de un tumor de mama bajo el microscopio a conocer con exactitud su anatomía molecular; y eso, finalmente, nos permitirá saber a qué fármacos responde” , añade su compañero Carlos Caldas.
Analizando la genética de las células tumorales de 2.000 pacientes, investigadores de las Universidades de Cambridge (Reino Unido) y British Columbia (Canadá) lograron distinguir una decena de categorías, cada una de ellas con rasgos genéticos y moleculares comunes, que se relacionan también con diferentes tasas de supervivencia. Entre ellas, las categorías 2 y 5 parecen tener en torno un 40% de posibilidades de supervivencia de 15 años. Y las 3 y 4 tienen alrededor del 75% de supervivencia en el mismo período. En cuanto a las terapias, de momento existe solo una específica para uno de los diez tipos de cánceres de mama identificados: el Herceptin, que ya se utiliza en la clínica. Para el resto aún se emplean terapias "estándar" como la quimioterapia o la radioterapia. Sin embargo, los nuevos genes identificados podrían servir como diana para desarrollar nuevos tratamientos.
“Es un gran paso hacia la creación de una enciclopedia genética del cáncer de mama -que hoy es un "término paraguas" que engloba varias patologías-, y durante la investigación hemos aprendido que existen muchos más subtipos de los que imaginábamos”, ha declarado Sam Aparicio, coautor del estudio. “En esencia hemos dado el salto de saber cuál es el aspecto de un tumor de mama bajo el microscopio a conocer con exactitud su anatomía molecular; y eso, finalmente, nos permitirá saber a qué fármacos responde” , añade su compañero Carlos Caldas.
El oso polar, cinco veces más antiguo de lo que se pensaba
El origen de los osos polares ('Ursus maritimus') como especie independiente tuvo lugar hace unos 600.000 años, según revela una investigación internacional en la que ha participado el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Su historia evolutiva es, por lo tanto, cinco veces más antigua de lo que se creía hasta ahora, tal como refleja el artículo que ocupa la portada de hoy en la revista 'Science'.
Una hembra y su cría en Canadá. | H.W.
Artículos previos habían encontrado similitudes en el ADN mitocondrial (procedente de la madre) entre los osos polares y los osos pardos ('U. arctos'). Debido a ello, se asumió que la especie ártica pertenecía a un linaje escindido de sus primos marrones hace entre 166.000 y 111.000 años y que había experimentado una rápida adaptación a las condiciones polares.
La nueva investigación se ha basado en el análisis del ADN nuclear procedente de 19 ejemplares de oso polar, 18 ejemplares de oso pardo y 7 ejemplares de oso negro ('U. americanus'). Las diferencias detectadas entre los genomas indican que la especie polar y la parda divergieron de un ancestro común hace unos 600.000 años.
La investigadora en la Estación Biológica de Doñana del CSIC Jennifer Leonard, que ha participado en la investigación, explica: "Las similitudes entre el ADN mitocondrial de las dos especies podrían indicar la hibridación entre hembras pardas y machos polares, cuya descendencia se integró con la población polar".
El nuevo hallazgo supone una evolución mucho más similar al del resto de los mamíferos árticos. Leonard opina que sus adaptaciones específicas, como el pelo blanco, la piel negra y la envoltura de sus pies, "son ahora menos sorprendente". El zorro polar ('Alopex lagopus'), por ejemplo, se separó de su linaje original hace unos 900.000 años.
Una hembra y su cría en Canadá. | H.W.
Artículos previos habían encontrado similitudes en el ADN mitocondrial (procedente de la madre) entre los osos polares y los osos pardos ('U. arctos'). Debido a ello, se asumió que la especie ártica pertenecía a un linaje escindido de sus primos marrones hace entre 166.000 y 111.000 años y que había experimentado una rápida adaptación a las condiciones polares.
La nueva investigación se ha basado en el análisis del ADN nuclear procedente de 19 ejemplares de oso polar, 18 ejemplares de oso pardo y 7 ejemplares de oso negro ('U. americanus'). Las diferencias detectadas entre los genomas indican que la especie polar y la parda divergieron de un ancestro común hace unos 600.000 años.
La investigadora en la Estación Biológica de Doñana del CSIC Jennifer Leonard, que ha participado en la investigación, explica: "Las similitudes entre el ADN mitocondrial de las dos especies podrían indicar la hibridación entre hembras pardas y machos polares, cuya descendencia se integró con la población polar".
El nuevo hallazgo supone una evolución mucho más similar al del resto de los mamíferos árticos. Leonard opina que sus adaptaciones específicas, como el pelo blanco, la piel negra y la envoltura de sus pies, "son ahora menos sorprendente". El zorro polar ('Alopex lagopus'), por ejemplo, se separó de su linaje original hace unos 900.000 años.
Un videojuego para tratar la depresión
Cada año entre el 1% y el 6% de los adolescentes del mundo padecen depresión, pero la mayoría de ellos no tiene un diagnóstico y, consecuentemente, no recibe tratamiento. Sin embargo, una terapia informatizada, un videojuego, puede ser una buena elección para este colectivo tan familiarizado con los ordenadores. Esta es la conclusión a la que ha llegado un equipo de científicos de Nueva Zelanda tras realizar una investigación, y cuyos resultados se publican en el último 'British Medical Journal'.
Sally Merry, de la Universidad de Auckland, declara a ELMUNDO.es: "Tenemos algo que poder ofrecer a los jóvenes con depresión. Un tipo de intervención con la que disfrutan y además es eficaz".
El trabajo ha sido llevado a cabo con 187 adolescentes de entre 12 y 18 años que acudieron a 24 centros de atención primaria de Nueva Zelanda por síntomas depresivos. Todos se sometieron a pruebas psicológicas para evaluar su gravedad y, posteriormente, fueron divididos en dos grupos. La mitad de ellos (94) se asignó al grupo de terapia con el videojuego, mientras que el resto (93) siguió los tratamientos tradicionales, en consulta.
Sally Merry, de la Universidad de Auckland, declara a ELMUNDO.es: "Tenemos algo que poder ofrecer a los jóvenes con depresión. Un tipo de intervención con la que disfrutan y además es eficaz".
El trabajo ha sido llevado a cabo con 187 adolescentes de entre 12 y 18 años que acudieron a 24 centros de atención primaria de Nueva Zelanda por síntomas depresivos. Todos se sometieron a pruebas psicológicas para evaluar su gravedad y, posteriormente, fueron divididos en dos grupos. La mitad de ellos (94) se asignó al grupo de terapia con el videojuego, mientras que el resto (93) siguió los tratamientos tradicionales, en consulta.
martes, 17 de abril de 2012
Arquitectura de los orangutanes
Construir cada día un nuevo hogar, y que éste sea seguro y confortable para la prole es una de las capacidades de los orangutanes que ahora revela una investigación realizada en Sumatra. Según sus autores, estos grandes primates, amenazados por la desaparición de sus bosques, son grandes ingenieros a la hora de levantar sus nidos.
Los investigadores, bajo la batuta de Adam Van Casteren, de la Universidad de Manchester, estuvieron 11 meses en el Parque Nacional Gunung Leuser de Sumatra localizando los nidos que los orangutanes hacen en las copas de los árboles. En total, lograron acceder a 14 de ellos y los estudiaron en profundidad, hasta determinar las sofisticadas técnicas que habían desarrollado sus ocupantes, así como el tipo de material que utilizaban.
Observaron, y así lo publican esta semana en la revista 'Proceedings of National Academy of Science', que las ramas usadas en la construcción eran diferentes en el interior del nido que en los bordes: las de dentro eran más flexibles, lo que permite que la estructura fuera más segura y cómoda para sus habitantes.
En concreto, eligen las ramas aún verdes y finas para tejer la estructura principal del habitáculo y las más rígidas y gruesas para el exterior. Y eso lo repiten cada día, porque no duermen dos noches seguidas en el mismo lugar, aunque a veces se han dado casos de reutilización de un nido abandonado.
Como hacerlos en las copas es complicado, han desarrollado su propia ingeniería: primero, doblan y rompen las ramas hacia el centro, entretejiéndolas unas con otras hasta tener la estructura básica del nido. Luego, encima, va colocando capas de ramás más pequeñas y rotas, a modo de colchón. Si es necesario incluso usan otras como manta. Las ramas más frondosas se separan y se colocan alrededor como 'guarnición'.
Los investigadores, bajo la batuta de Adam Van Casteren, de la Universidad de Manchester, estuvieron 11 meses en el Parque Nacional Gunung Leuser de Sumatra localizando los nidos que los orangutanes hacen en las copas de los árboles. En total, lograron acceder a 14 de ellos y los estudiaron en profundidad, hasta determinar las sofisticadas técnicas que habían desarrollado sus ocupantes, así como el tipo de material que utilizaban.
Observaron, y así lo publican esta semana en la revista 'Proceedings of National Academy of Science', que las ramas usadas en la construcción eran diferentes en el interior del nido que en los bordes: las de dentro eran más flexibles, lo que permite que la estructura fuera más segura y cómoda para sus habitantes.
En concreto, eligen las ramas aún verdes y finas para tejer la estructura principal del habitáculo y las más rígidas y gruesas para el exterior. Y eso lo repiten cada día, porque no duermen dos noches seguidas en el mismo lugar, aunque a veces se han dado casos de reutilización de un nido abandonado.
Como hacerlos en las copas es complicado, han desarrollado su propia ingeniería: primero, doblan y rompen las ramas hacia el centro, entretejiéndolas unas con otras hasta tener la estructura básica del nido. Luego, encima, va colocando capas de ramás más pequeñas y rotas, a modo de colchón. Si es necesario incluso usan otras como manta. Las ramas más frondosas se separan y se colocan alrededor como 'guarnición'.
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